Acurrucarme bajo el edredón de mi cama. Volver mi cuerpo un ovillo y convertirlo en el lugar más seguro del mundo. Dejar de existir por un momento, entre inspiración y expiración, al menos.
Detenerme. Hacer que el tiempo desaparezca. Huir. Gritar. Esconderme de las miradas desconocidas, de todos los juicios. Olvidar la lógica... y sepultar los sentimientos. No pensar.
Detener el tiempo. Desaparecer. Marcharme.
Al marcharte, te sentías como un caballo de juguete huyendo del carrusel al que estabas anclado; libre al fin. Pero no te limitaste a seguir un nuevo camino y olvidar, porque pensabas que tu ausencia simbolizaría algo, para alguien al menos. Te sentías una pieza fundamental de ese engranaje giratorio, el epicentro de un tiovivo existencial. Pero al volver, te diste cuenta de que tan sólo eras un pasajero más.
El carrusel no sólo no se ha detenido, sino que te ha hecho desaparecer. Y nadie puede recordarte porque, realmente, allí, nunca has existido. Imagen: Merry Go Round
Rosario López Estudillo, Killer Blythes
PD: Debido a problemas con mi ordenador no he podido subir estas entradas en las fechas que fueron escritas, hasta hoy. Siento el retraso y la acumulación repentina.


