jueves, noviembre 16, 2006

Cuento I. Vida de plástico.


En la encrucijada de alguna noche lejana, soñé que me despertaba transformada en muñeca. Mirando por encima de mi, en mi cama, descubrí con asombro mis pequeñas piernas de plástico, mis manos de plástico, mi pelo de plástico... y mis pestañas pintadas. Creí compartir el horror de Gregorio Samsa, como si fuese un nuevo personaje creado por Kafka para su Metamorfosis. ¡Que surrealismo! Mi existencia reducida a una vida de plástico. ¿Podía pasarme algo peor?

Me detuve entonces ante el espejo de mi tocador (toda buena muñeca tiene uno), incorporada sobre mis diminutos pies de plástico y uñas pintadas de algún color chic. Me detuve. Me detuve buscando un sentido, una explicación ante el horror vacío de significados. Buscando el lado positivo a todo aquello. Intentando no ser una loca dramática... como siempre.

Al menos – pensé entonces- una muñeca es hermosa. Ser un escarabajo sería mucho peor. A la gente, suelen resultarles repulsivos. Sin embargo, adoran las muñecas; las coleccionan, las miman, son todo un símbolo de la infancia y la felicidad. Ser de plástico, por otra parte, tampoco está tan mal. El plástico es duro y resistente, no enferma, ni tiene imperfecciones, y además, al plástico, no le coge el frío. Es normal que las muñecas no tengan preocupaciones. Su mejor amigo suele ser una rana de la suerte, y los campos de rosas se crearon para que ellas durmiesen suavemente sobre sus pétalos. Ser muñeca, realmente, no estaba nada mal. Había un lado poético en todo aquello.


Pero desperté. Mis dedos acariciaron mis pestañas y sentí un cosquilleo. Miré las puntas de mis pies, moví las piernas y no vi restos de partes articuladas. Nada más que piel y carne. Todo blando, frágil, suave. Mi cuerpo. Yo.


Comencé entonces a añorar aquella vida de plástico. A extrañar el placer de regresar a la infancia. A desear aquel inocente sentir ajeno a la maldad del mundo o el descansar tranquilo en el vientre materno, incluso.


Y frente al sueño: una vida corriente, un cuerpo corriente... Y el estrés y el desencato de nuestra sociedad. Resulta imposible dormir sobre rosas. La suerte es un falso amigo. Y nada es poético. Yo, una loca dramática...

5 comentarios:

Isabel Romana dijo...

Sí, la vida de muñeca tiene algo de poético y algo de patético. Y lo que es mejor de todo: no puede pensar. Besos zoe.

Zoe Favole dijo...

Isabel: como siempre, estoy completamente de acuerdo contigo. Y x eso yo, a pesar de todo, no envidio para nada la vida de muñeca :))
Besos reales (que no de plástico!!)

Anónimo dijo...

creo que en el fondo todos tenemos algo de esa muñeca alli tan frentico por decubrir que es lo real algunas veses no podemos pareser unas modelos taradas de la belleza quietas como taradas frente al mundo ...o simplemente una pregunta me agrado mucho tu cuento es por eso que paso a dejarte mi msn y mi enlace si entras algun dia pues me gustaria hablar contigo
cio :http://www.metroflog.com/laCRIMOSaDEmentiTA
la_muerteundestino@hotmail.com

Zoe Favole dijo...

Muerte de un Destino: siento haber tardado tanto en contestarte. He estado + d 15 días sin PC (dura prueba xra mi) y en parte x eso mi blog ha estado desactualizado y no he podido usar el MSN. Xro estaré encantada de conversar contigo muy pronto, espero. Besos y hasta pronto!!

LunaOscura dijo...

Que hermoso artículo.
Una alegoría al deseo de no sufrir por ser mujer.

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